Mito del maguey
Rodrigo Manjarrez
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El mito del calendario maya.
Como muchos saben gracias a los medios, supuestamente los mayas habían anunciado el final de una época en el 2012, supuestamente en ese año se acabaría el mundo, pero esa no fue la única ocasión donde se utilizó el calendario maya para supuestamente predecir el final del mundo.Durante la década de los 70s un hombre anuncio el fin del mundo, se basaba en las predicciones mayas, logro hacer que cientos de personas se reunieran en uno de los templos mayas para esperar el supuesto día, pero al final nada ocurrió.
El calendario maya nunca menciono el fin del mundo, simplemente el final de una época, no del mundo, pero varias personas utilizaron esto para hacerse conocer o simplemente sacar provecho, solo hay que pensar en los cientos de libros, documentales, entrevistas, películas y muchas otras cosas más que hicieron ricas a muchas personas, que mientras sus seguidores esperaban con miedo el día final, ellos pasaban sus días contando su fortuna, todo esto gracias al calendario maya.
Rodrigo Manjarrez
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Los niveles y rumbos sagrados purépecha.
Como todas las culturas indígenas de nuestro país, el universo purépecha tiene un orden: los mundos sagrados, donde transcurre el acontecer de las divinidades y de los humanos. Los purépecha pensaban que el universo estaba formado de tres planos: en la parte alta se encontraba el mundo de los dioses, el Aúandarhu, situado en el Cielo. En la parte media se encontraba situado el Echerendu, el mundo donde habitaban los seres humanos, que los dioses habían creado. En la parte inferior, estaba localizado el mundo de los muertos, llamado el Cumánchecuaro. Estos mundos constituían los espacios verticales.
Por su parte, los rumbos sagrados, o puntos cardinales, espacios horizontales del universo, eran cinco, cada uno custodiado por un dios. Así pues, El Oriente, el lugar por donde nacía el Sol, estaba resguardado por el dios Tirépeme-Quarencha; su color era el rojo. El Occidente, por donde el Sol se metía, se regía por Tirépeme-Turupten, y su color era el blanco. En el Norte se encontraba el dios Tirépeme-Xungápeti, asociado con el color amarillo y la dirección del solsticio de invierno. En el Sur reinaba Tirépeme-Caheri, relacionado con color negro, y la entrada al paraíso. Finalmente, la dirección Centro, custodiada por Tirépeme-Chupi, se identificaba con el azul, y era el sitio donde renacía el Sol.
Cada uno de los dioses constituía una advocación del dios Curicaveri, Gran Hoguera, dios del fuego, y se les consideraba a todos ellos hermanos. Los rumbos sagrados representaban un momento del paso del Sol en su recorrido diario. Curicaveri, dios principal del panteón purépecha, llevaba el cuerpo pintado de negro; la parte inferior de la cara, las uñas de los pies y de las manos de color amarillo.
Las Nubes que simbolizaban las cuatro direcciones del universo, fueron cuatro de las advocaciones de la diosa Cuerahuáperi, “desatar el vientre”, creadora de la vida y de la muerte, ellas llevaban a los hombres las lluvias que permitían la germinación de las plantas, la renovación de la naturaleza, pero también podían ser destructoras y dañarla cuando llevaban en sus vientres terribles aguaceros y granizo que destruían las cosechas de los hombres.
Rodrigo Manjarrez
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Los Trece Cielos
Hubo una vez Trece Cielos que se formaron de la cabeza de Cipactli, el Cocodrilo Sagrado, monstruo marino mitad pez y mitad cocodrilo. Los dioses así lo quisieron cuando decidieron crear los niveles verticales del universo: El Inframundo, la Tierra, y el Cielo. Son trece los cielos en que habitan los dioses, a saber:
El Ilhuícatl Meztli, El Cielo Donde Está La Luna, es el primer nivel celestial, donde llegan las nubes y la Luna; morada del Tlazoltéotl, diosa de la lujuria, el sexo y el adulterio; de Meztli, la Luna, de Ehécatl, el divino dios del viento, y de Tláloc, señor de la aguas y de los terremotos.
En el Ilhuícatl Tetlalíloc, El Cielo Donde Está El Espacio, segundo nivel universal, las estrellas se mueven y las constelaciones siguen su rumbo. Es el dominio sagrado de Citlalicue, señora de las estrellas hembras, creadora de la Vía Láctea, y de su consorte Citlaltónac, señor de las estrellas varones. Esta divina pareja tiene a su cargo a las estrellas Centzon Mimixcoa, a las Centzon Huitznáhuac, y a las constelaciones Citlaxonecuilli (Osa Mayor; Citlaltachtli, (Gémenis); Citlalcólotl, (Escorpión); Citlalozomahtli (Osa Menor); Citalhuitzitzilin (Columba y Lepus); Citlalmiquiztli (Sagitario y Corona Australis); Citalxonecuilli, (Auriga y Perseo ); Citlaltécpatl (Picis Austtrinus y Grulla); Citlalcuetzpalli, (Andrómeda y Pegaso); Citlalolli, (Leo); Citlalmázatl, (Eridanus y Fronax); y Tianquiztli, (Pléyades).
El tercer nivel, el Ilhuícatl Tonatiuh, Donde Se Mueve El Sol, se sitúa en el Occidente, hacia donde el sol camina para perderse en el Mictlan, el Inframundo. Ahí reina el dios amarillo: Tonatiuh, nuestro señor el Sol.
Al llegar al cuarto nivel, llamado Ilhuícatl Huitztlan, El Cielo De La Estrella Grande, puede verse salir a Tlahuizcalpantecuhtli de su morada para dar aviso de que llega Tonatiuh, el regidor del Este.
Citlalicue, la Vía Láctea, y Citlaltónac, la pareja sagrada que comanda a las estrellas, reina en el Ilhuícatl Mamaloaco, Cielo Que Se Hunde, quinto nivel en donde se trasladan las estrellas errantes y los cometas.
Tezcatlipoca, dios de lo invisible, de la Osa mayor, y regidor del Norte, habita en El Cielo Donde Está Lo Negro, el Ilhuícatl Yayauhco, el lugar donde nace y se va extendiendo la noche.
Huitzilopochtli, señor de la voluntad y el sol, guerrero consumado regidor del Sur, vive en el Ilhuícatl Xoxoauhco, en el Cielo Donde Está lo Azul, séptimo nivel, donde el Sol aparece en el amanecer.
Mictlantecuhtli y Mictancíhual, la pareja mortal, los señores del Inframundo, habitan este lugar de tempestades, donde nace la oscuridad, nombrado Ilhuícatl Nanatzcáyan, El Lugar Donde Rechinan Los Cuchillos de Obsidiana. Octavo lugar de universo celeste.
En la Región del Blanco, el Ilhuícatl Teoiztac, noveno estadio divino, está Quetzalcóatl, dios de vida, sabiduría y conocimiento, el regidor del Este; le acompañaban los tzitzimime, los terribles espíritus celestes que se divierten atacando al Sol al amanecer y al anochecer, e intentan destruir al mundo.
En la región amarilla del Oriente, el Ilhuícatl Teocozáuhco, décimo nivel celestial, reina Tonatiuh, y de ahí partía para dirigirse hacia el Occidente y cruzar el Mictlan.
Xiuhtecuhtli, nuestro dios del fuego, señor de la hierba, mora como amo y señor, con su rostro amarillo y envejecido, en el décimo primer nivel, el llamado Ilhuícatl Teotlatláuhco, la región roja, el cielo rojo con rayos de luz para recordar que la primera creación del mundo fue el fuego terrenal. Le hacen compañía al buen dios Chantico, su esposa, reina de los fuegos del corazón y del hogar, responsable de la maduración de las niñas enanas. Junto a la pareja divina estan los Xiuhtotontli, los dioses del fuego: del blanco, Xiuhiztacuhqui; del rojo, Xiuhtlatlauhqui; del amarillo, Xiuhcozauhqui; y del azul, Xiuhxoxoauhqui.
En Donde Moran Los Dioses, el Ilhuícatl Teteocan, se encuentran los dioses creadores, los Tezcatlipocas, lugar por excelencia donde los dioses nacen, renacen y se transforman. En el Norte, Tezcatlipoca, el Espejo que Humea, Señor del Cielo y de la Tierra; en el Este, Xipetótec, El Desollado, la parte masculina del universo; en el Oeste Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, la deidad principal; y en el sur, Huitzilopochtli, Colibrí Zurdo, el dios más adorado de los mexicas, asociado con el Sol. Décimo Segundo Cielo.
Finalmente, en el décimo Tercer Cielo, el Ilhuícatl Omeyocan, Lugar de la Dualidad, el más alto de los cielos, reside la pareja creadora: Ometecuhtli, regidor del ciclo de vida, dios de lo inerte y lo inherente; y Omecíhuatl, diosa del sustento y la furtividad.
A la cruz mexicala encontramos, principalmente, formando parte del llamado vulgarmente Calendario Azteca, o Piedra Solar como es su nombre correcto. Se trata de un disco basáltico con inscripciones que relatan la cosmogonía de la cultura de los mexicas. La Piedra tiene 3,60 metros de diámetro y 122 centímetros de grosor. Su peso es de 24 toneladas. En el centro de dicha Piedra se encuentra el dios del Sol, Tonatiuh, dentro del jeroglífico ollin, movimiento, el cual tiene la forma de una cruz. Cada brazo de la cruz, representa a una de las cuatro eras o soles, por la que ha pasado la creación del mundo antes de llegar al actual, que conocemos como el Quinto Sol. Los brazos de la cruz son del mismo tamaño y cuadrados. En el brazo superior de la derecha, se encuentre el día 4 Jaguar, que fue el momento en que terminó la primera era, misma que duró 676 años, y la cual diera fin a causa de monstruos que salieron a la tierra y mataron a las personas. Este brazo representa al elemento Tierra. En el brazo que queda a la izquierda está el jeroglífico 4 Viento, símbolo de los huracanes que, después de 364 años, asolaron la Tierra, y convirtieron a los hombres en monos. El brazo inferior izquierdo, 4 Lluvia, representa la era que terminó debido a una lluvia de fuego; en este sol algunos hombres murieron y otros se volvieron guajolotes. Su duración fue de 312 años. El brazo inferior derecho, 4 Agua, tuvo una duración de 676 años, mismos que terminaron a causa de torrentes de agua. Los hombres que no murieron se convirtieron en peces. Entre los signos de los brazos: las eras, se encuentran los signos de los puntos cardinales: 1 Pedernal, 1 Lluvia, Xiuhuitzolli (signo heráldico), y 7 Mono; o lo que es igual norte, sur, este y oeste, respectivamente. La cruz representa la totalidad del mundo.
Constanza Ballesteros Herrera
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La cruz mexica
Por otra parte, la ciudad de Tenochtitlan se encontraba trazada en forma de cruz, cuatro caminos principales la cruzaban y daban acceso a pueblos localizados fuera de la ciudad. La ciudad y sus edificios se conectaban con el cosmos de acuerdo a la salida y puesta del Sol, durante los equinoccios y solsticios; así nos informa Adrián Snodgrass en su artículo “La cruz espacio-temporal en la arquitectura mesoamericana” de su libro Time and Eternity:
El frente oeste del Templo Mayor, el templo principal del centro ceremonial de Tenochtitlán, la antigua capital azteca ahora cubierta por la ciudad de México, da la espalda a los siete grados y medio del sureste, que es la posición del sol equinoccial que aparece al amanecer entre sus dos templos, los cuales se alzan en la cima de una base piramidal. Desde la base del templo circular de Quetzalcóatl, que está al oeste del Templo Mayor en una extensión de su eje este-oeste, un observador ve al sol equinoccial cuando se ha elevado a una altitud de 22º sobre el horizonte astronómico, enmarcado entre los dos oratorios en el Templo Mayor.
Constanza Ballesteros Herrera
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